Del pueblo de Molinicos (Albacete), donde nació el certamen y se rodó Amanece que no es poco, a la ciudad de Madrid, con invitados tan excepcionales en sus tres lustros de vida como David Lynch, John Waters o Laurie Anderson. RIZOMA, el festival internacional de cine y cultura entrelazada que desde 2011 se desarrolla en la capital, ha celebrado del 18 al 23 de noviembre su edición número quince. Hablamos con Gabriela Martí, directora artística de esta sorprendente muestra, una de los pocas de ámbito nacional cuya Sección Oficial está dedicada al talento emergente. El Ayuntamiento de Madrid, a través del Área de Cultura, patrocina RIZOMA y cuenta con la colaboración de Madrid Film Office.
El festival RIZOMA ha cumplido 15 años con una edición que ha tenido como hilo conductor el concepto de Transrealismo, ¿qué habéis presentado y que proponía este término?
Por un lado, siempre hemos querido hacer un guiño a nuestras raíces surrealistas por haber nacido el festival en uno de los pueblos donde se rodó Amanece que no es poco. Al estar en el centenario de la publicación del Manifiesto Surrealista (Goll y Breton, 1924) nos hemos sumado a los muchos centros culturales europeos celebrando el surrealismo este año.
Y, por otro lado, cuando vino David Lynch a RIZOMA en 2013, la edición era bajo la temática del prefijo “trans” (transporte, transatlántico, transgénero, transformación, transcendental), y para tener a Lynch presente en el año de su muerte propusimos el concepto de Transrealismo, para reflexionar sobre cómo el cine y al arte pueden provocar otras realidades.
¿Qué balance hacéis de esta nueva edición?
Estamos realmente abrumados con la calidad de los trabajos que hemos podido estrenar este año. En total 47 títulos de los cuales 39 vinieron acompañados por sus equipos y 30 de ellos fueron primicia en Madrid, y algunos estrenos mundiales. Han llegado a Madrid artistas desde Finlandia, Suecia, Lima, San Francisco, Nueva York, Buenos Aires, incluso desde Angola en silla de ruedas. Las salas estuvieron llenas los seis días del festival, con muchos pases simultáneos, así que muy contentos. Además, aunque no buscamos una programación estrictamente vinculada con la temática de la edición, muchos de los títulos este año hablaban del transrealisimo, del poder del arte para transformar la realidad de una comunidad, de un barrio, de una familia…

Gabriela Martí, directora del festival RIZOMA
Aunque oficialmente ha cumplido 15 años, la semilla del festival se puso antes. ¿Cuál fue la filosofía original de RIZOMA y cuál ha sido su evolución? ¿Cuáles son los principios del festival en estos momentos?
En 2007 empezamos las primeras proyecciones en el pueblo de Molinicos, formalizando la primera edición oficial de RIZOMA en 2010. La intención era simplemente revitalizar el pueblo con programación internacional, una programación basada en el cine pero con una clara apuesta transdiscisplinar, celebrando cómo el cine, la música y el arte se complementan y dialogan entre sí. Quince años más tarde seguimos totalmente fieles a nuestros principios originales, pero ya con tres secciones internacionales competitivas, aparte de la programación transdisciplinar que todavía se mantiene.
De Molinicos saltó en 2011 a la ciudad de Madrid. ¿Qué ha aportado Madrid al festival? ¿Cómo se nutre de la ciudad?
El salto a Madrid se produjo por la necesidad de la infraestructura que ofrece una gran capital como Madrid. En el 2011, trajimos a nuestro primer invitado de “Clase A”, John Waters, y lo que él proponía hacer no era viable en un pueblo de 500 habitantes. En 2011 había mucha menos oferta de festivales cinematográficos en Madrid, así que también nos parecía natural implicarnos en la cuidad donde vivía la mayoría del equipo y público del festival y cubrir ese hueco de certamen internacional que echábamos en falta.
Estamos muy felices y orgullosos de ser un festival madrileño. Nos encanta poder ofrecer programación en algunas de las salas más bonitas del mundo y formar parte activa de una ciudad que consideramos muy cinefilia. Además, muchos de nuestros invitados internacionales más ilustres nunca habían visitado a Madrid antes y nos encanta haber sido su entrada a la cuidad y, al mismo tiempo, ofrecer a la ciudadanía acceso a talentos de renombre internacional.
Uno de los objetivos de RIZOMA es revitalizar la ciudad en clave cultural. En 2013 incluso se propuso “transurbanizar” Plaza de España, cambiar su fisonomía urbanística con actividades culturales. ¿Cuál crees que es el poder de la cultura y el cine para la transformación urbana?
Lo que realizamos en Plaza de España en 2013 es uno de mis ejemplos favoritos de estos quince años de actividad. En esa época yo llevaba ya casi diez años viviendo en Madrid y me impresionaba mucho lo abandonada que estaba una plaza tan emblemática. No solo estuvo cerrado el Edificio España durante años; los grandes edificios de alrededor de la Plaza también estaban desatendidos, incluido el Palacio de Minas (Real Compañía Asturiana de Minas). Me parecía como una boca sin dientes en medio de la cuidad. Gracias a una patrocino especial de Seguros Santalucía, empresa con su flagship en Plaza de España, pudimos ofrecer gratuitamente conciertos, pasarelas de moda y zona de ping pong y bádminton en la Plaza y en la zona peatonal de Martin de los Heros. Ayudamos a poner el foco en ese barrio de la cuidad. En este artículo publicado por El País en 2013 se puede conocer un poco más las acciones que hicimos.
Por tanto, la cultura y el cine son herramientas clave para la transformación de una población y para fomentar el tejido social y económico. Me gusta siempre resaltar el “efecto Guggenheim” en Bilbao. Demuestra que una apuesta por la cultura tiene grandes beneficios económicos para una cuidad, más allá del valor cultural.
¿Cómo valoráis el apoyo del Ayuntamiento de Madrid y de Madrid Film Office?
Cuando miro atrás, la verdad es que me parece increíble haber conseguido crear un hueco en el calendario cultural de una ciudad tan grande y activa como Madrid. Desde luego el Ayuntamiento, Turismo Madrid y Madrid Film Office han sido clave a lo largo de estos años y estamos enormemente agradecidos. El Ayuntamiento dio un paso muy importante cuando empezó a dar subvenciones a festivales en 2017 y estamos muy agradecidos de ser el festival de largometrajes de mayor respaldo. Sin embargo, es cierto que las dotaciones y condiciones varían tanto cada año que es muy difícil mantener siempre el nivel alto de programación que nos identifica.



RIZOMA celebra largometrajes de autor y el cine independiente internacional, con un especial apoyo al cine emergente español y, desde 2017 al iberoamericano. ¿Qué trayectoria han tenido alguna de las propuestas ganadoras? ¿Cómo veis el talento emergente de la ciudad de Madrid?
Justamente, se acaba de anunciar la shortlist de los Premios Feroz y varios títulos que premiamos o estrenamos, como Quien vio los templos caer, Cuidad sin sueño, Aro Beria, Emergency Exit e Hija del volcán están en ella. Nuestra primera película ganadora muy sonada fue al poco de nacer el festival, con Diamond Flash de Carlos Vermut. Aunque se estrenó en el festival de Abycine, no fue hasta poco después cuando recibió nuestro Premio RIZOMA de CINE, que la industria realmente conoció la película. Desde los equipos de Filmin, Cameo y Avalon, entre muchos otros, me comentaron que descubrieron a Carlos Vermut gracias a RIZOMA. Sin este premio es muy posible que Diamond Flash jamás hubiera tenido distribución en España.
Otros talentos nacionales que hemos podido ayudar a impulsar con nuestros premios son los Burnin’ Percebes, Marina Lameiro, Adrian Silvestre, Francesc Cuéllar, Enrique Buleo, Emma Tussel y Anna Cornudella. Mirando hacia Madrid, en general creo que hay muchísimo talento emergente y al ser el epicentro de la industria cinematográfica en España, hay acceso a medios. Creo que la escena audiovisual está mas activa y variada que nunca y desde el festival a todo lo que programamos intentamos darles la mayor visibilidad mediática y acompañamiento creativo y profesional que podemos.
RIZOMA mantiene una mirada importante sobre la cultura norteamericana. Grandísimas personalidades del cine y la cultura estadounidense como David Lynch, John Waters o Laurie Anderson han participado en el festival. ¿Qué relación tiene el festival con Estados Unidos?
Al haberme criado entre España y Estados Unidos, no concibo RIZOMA sin ese aspecto internacional. Mi padre nació en una casa en el pueblo de Molinicos, siendo mi abuelo el maestro del pueblo entre 1929 y 1949, y mi madre proviene de una familia muy internacional con raíces en Nueva York y en un pueblo de Connecticut dónde se fundó la primera biblioteca pública en EEUU en 1803. Esta mezcla, combinada con mi amor por el cine habiendo trabajado en todas las áreas — dirección, dirección de arte, producción, montaje y cámara — se han fusionado para parir este festival. Destaco también la implicación continua de Sonia Martí Gallego y de compañeros clave como Julen Robles y David Cabello Bermejo, todos profesionales del sector.
Cuando empecé a trabajar en España en 2004 me impresionaba mucho que se rodara tanto en 35mm y que no hubiera llegado todavía la ola de cine digital que había presenciado en Nueva York en los años 90. Nuestra primera edición del Premio RIZOMA de CINE en 2010, patrocinado por Cameo Media (DVDs, ¡qué antiguo ya!) fue creado precisamente con el fin de buscar trabajos frescos y libres que se estuvieran realizando en digital.
El diálogo cultural entre diferentes países es clave para el intercambio de ideas y tecnologías. Creo que ha sido muy positivo para Madrid recibir a los talentos y películas que hemos traído desde EEUU, pero también creo que ahora mismo le vendría muy bien a EEUU recibir más cultura desde Madrid y Europa en general.




edición 2018.

¿Qué ha ofrecido RIZOMA HÍBRIDO, la sección profesional del certamen, en esta edición?
RIZOMA HIBRIDO, nuestra área de industria y formación, ha podido desarrollarse en los últimos años gracias a una ayuda de la Unión Europea y Comunidad de Madrid para impulsar empresas creativas. En 2025, los encuentros de RIZOMA HIBRIDO empezaron en nuestro evento de primavera, Open House, donde abrimos con una Máster Talk en colaboración con la Fundación SGAE de Asif Kapadia, director de los documentales Amy, Senna y Maradona. Moderado por Carlota Nelson (La Mirada Oculta), su objetivo era formar al sector sobre la creación de retratos audiovisuales de grandes figuras.
En estos días hemos ofrecido programación HIBRIDO dedicado a la música (Meet the Artist con Jay Jay Johanson) o acción social (Presentación del proyecto ArtistasConPalestina / DeGazaAlMundo con artistas tan variados y potentes como Javier Cámara, Inma Cuesta, Javier Fesser, Ana Wagner o Kase O). Próximamente anunciaremos un encuentro sobre la gestión de derechos musicales con Mónica Prats, Film & TV Licensing Manager de Sony Music Publishing.
RIZOMA HIBRIDO también ofrece estrenos especiales en conjunto con la industria, como ha sido este año la premiere mundial de Ramón y Cajal: Dibujos en la retina (Luis Gómez Juanes) o estrenos muy significativos en Madrid como Emergency Exit (Lluís Miñarro), la última película en la que participó Marisa Paredes antes de dejarnos.
¿Cuáles son los retos futuros del festival? ¿Cómo se presenta la próxima edición?
Estoy barajando varias temáticas que me gustaría presentar en 2026, pero el formato del festival está ya bastante consolidado y son los propios trabajos en sí los protagonistas. En mayo abrimos la convocatoria nueva con estrenos e invitados especiales y en noviembre presentamos los trabajos en competición y damos los premios. Y entremedias ofrecemos programación en Molinicos y Nueva York, según podamos.
En realidad, antes de trabajar en la programación e invitados internacionales, he de priorizar y cambiar el modelo de financiación del festival para conseguir mayor estabilidad para el equipo de trabajo que hay detrás. Da igual la calidad de la programación que ofrecemos, o todas las salas que llenamos, o los reportajes que salen en la televisión nacional sobre el festival, cada mes de enero empezamos con un presupuesto cero, levantando todo de nuevo sin saber con qué contamos. Espero que después de quince años podamos transformar radicalmente el festival, o al menos su financiación, para poder trabajar de otra manera.

